Al igual que dice el refrán: «Cuando exprimes un limón, obtienes jugo de limón», la presión extrae lo que llevamos dentro.
Tomemos el ejemplo de una pareja que vive una vida tranquila y estable y que de repente se enfrenta a la presión provocada por una crisis financiera o una enfermedad. Esa presión puede dar lugar a discusiones y conflictos, sacando a relucir los aspectos más feos de cada persona y quizás incluso llevándolos a separarse. O, por el contrario, esa misma presión puede fortalecer y amplificar sus buenas cualidades, permitiéndoles no solo superar la crisis, sino salir de ella más fuertes que antes.
El mismo efecto puede observarse al ver la comida cocinándose dentro de una olla a presión, o una planta creciendo en un invernadero: la presión del entorno cerrado favorece la acumulación de energía, reduciendo el tiempo necesario para alcanzar el resultado final.
Por eso dichos como «Quien siembra vientos, cosecha tempestades» y «Cada uno cosecha lo que siembra» no son más que expresiones populares de la Ley de Causa y Efecto; un proceso que, efectivamente, puede acelerarse bajo condiciones de presión.
Y ahora, observemos lo que está ocurriendo en el mundo: guerras, desastres naturales, crisis económicas, aumento de la criminalidad y la exposición implacable de las falsedades y la corrupción dentro de la sociedad moderna.
Naturalmente, todos buscan explicaciones, y especialmente a alguien a quien culpar por el estado caótico de las cosas. Sin embargo, la verdadera razón detrás del creciente número de estos eventos permanece oculta para la gran mayoría. Esto se debe a que aquellos cuya perspectiva se limita únicamente al mundo terrenal y material, poco pueden hacer más que analizar las maniobras políticas y económicas de los gobernantes de los imperios del mundo.
Pero quienes comprenden profundamente las profecías relativas al Juicio Final del Fin de los Tiempos saben que todo lo que ahora sale a la superficie no es otra cosa que el resultado de la Presión del Poder de la Luz.
Pues no es un «Dios de barba blanca» quien juzga personalmente a cada ser creado. Más bien, es el Poder Divino que ahora alcanza a toda la Creación, acelerando todo y convirtiéndolo en una especie de invernadero en el que todas las cosas crecen rápidamente.
El resultado: todo lo que la humanidad ha sembrado durante miles de años nos está regresando ahora como una cosecha de frutos podridos.
Podemos seguir quejándonos y buscando a alguien a quien culpar por estos frutos podridos, ignorando el hecho de que nosotros mismos sembramos y cultivamos las semillas de las que brotaron.
O podemos elegir un camino diferente, uno que lleva consigo una gran esperanza: asumir la responsabilidad por lo que hemos sembrado erróneamente en el pasado, y comenzar a plantar nuevas semillas, que regaremos y cultivaremos de acuerdo con las Leyes de la Creación, para que este planeta pueda convertirse en un Paraíso en la Tierra.
Bajo la Presión de la Luz, el bien también crecerá con una velocidad y abundancia como nunca antes hemos conocido.
A esto se le llama el Camino de la Bendición.